Más que estrellas, galaxias de margaritas moradas, magentas, fucsias, rosadas… Los ásteres son capaces de llenar los jardines de masas de flores durante los días más fríos del año. Rastreros o erectos, en solitario o en compañía de doradas gramíneas y otras vivaces, en arriates o tiestos, estas plantas te sorprenderán por su versatilidad y extraordinaria floración.
Linneo bautizó al género con el término que los griegos usaban para nombrar los astros: Aster. Y es que sus flores recuerdan las estrellas por su infinidad de finos pétalos (lígulas, para ser exactos) en torno al botón central. Son inflorescencias en capítulo: margaritas. Los ásteres han dado nombre a toda una familia botánica: las asteráceas (o compuestas).
Pero, además, no son precisamente estrellas solitarias: la floración de los ásteres se produce en masas de cabezuelas rosadas, magentas, fucsias, moradas, lilas, violetas… Algunas lucen una única fila de pétalos, muy finos en el caso de los Aster x dumosus, Aster tongolensis y Aster pyrenaeus; en otras es doble, y en algunos verdaderos pompones. Una explosión de color bajo el sol de otoño, un imán para las abejas y mariposas.
Entre las numerosas especies que integran el género —llegaron a ser unas 600, aunque hoy se limitan a unas 180; las de origen americano se han reclasificado dentro del género Symphyotrichum—, muchos ásteres son rastreros, algunos forman matas compactas ideales para tiestos, y otros pueden elevarse un metro y medio de altura, tanto que algunos necesitan tutores.


Qué necesitan los ásteres?
• Mucha luz: Los ásteres florecerán más abundantemente y conservarán un porte compacto si reciben suficiente luz. Viven bien a pleno sol o en sombra ligera. En cambio, si se plantan en sombra las ramas crecerán débiles y ahiladas y darán poca flor. No son plantas de interior.
• Un sustrato bien drenado: Requieren en general un suelo profundo, fértil y fresco. Sin embargo, algunas especies prefieren los sustratos de fertilidad media, y otras, las tierras pobres, levemente secas y alcalinas (fíjate en los textos que acompañan cada especie que mencionamos). Que el suelo drene bien y no acumule agua es una exigencia de todos los ásteres.
• Un lugar en el jardín o una maceta: Antes de plantarlos en el jardín es necesario trabajar muy bien el terreno desmenuzando los terrones. Los ásteres también viven bien en contenedores, especialmente las variedades rastreras y compactas, siempre que sean profundos.
• Riego regular: Procura que el sustrato se conserve fresco, es decir, con un cierto grado de humedad (no mojado). Para ello deberás regarlos según la temperatura y la sequedad ambiental: con mayor frecuencia en verano o cuando están recién plantados, y menor cuando las temperaturas sean bajas. Comprueba siempre el grado de humedad del sustrato antes de regar. Evita a toda costa el encharcamiento.
• Abono para plantas de flor: La aplicación regular de un abono rico en fósforo y potasio durante el periodo de floración te asegurará una producción abundante y prolongada de flores.
• Una floración duradera: Eliminar las flores marchitas incentivará una floración más larga y evitarás a la vez la producción de semillas. Si pinzas algunas ramas puedes escalar la emisión de flores.
• Poda: Para que las matas se conserven compactas conviene despuntarlas una o dos veces, en primavera e inicios del verano. Al final de la temporada de floración deberás cortar las ramas al ras y cubrir el suelo con compost o estiércol bien descompuesto.
• División de las matas: Cada tres o cuatro años es necesario dividir las matas para garantizar una floración de calidad y, de paso, obtener más plantas; debes hacerlo cuando haya pasado la floración. También se multiplican por esquejes en primavera, y por semilla.
• Hongos bajo control: Durante el otoño, los ásteres pueden sufrir el ataque del oídio y la roya, a los que favorece la humedad ambiental. El oídio se manifiesta en forma de manchas de polvillo blanco en las hojas, y la roya, como pústulas de color herrumbre en hojas y tallos. Debes aplicar inmediatamente un fungicida (pide consejo en tu centro de jardinería). Para prevenir estas enfermedades es importante no plantar los ejemplares muy juntos o a la sombra. Hay ásteres resistentes al oídio (fíjate en los textos que acompañan cada especie que mencionamos).
• Caracoles y babosas a raya: Las hojas y tallos de los ásteres sirven de alimento a los limacos. Se pueden mantener alejados mediante repelentes o trampas, que podrás conseguir en tu centro de jardinería.
